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    Falta de empatía

    En clase, la mayoría de alumnos teníamos un sentimiento entre respeto excesivo y miedo hacia nuestro profesor de ciencias sociales. Los pocos que sentían cierto agrado seguramente era por su parecido razonable con el actor Tom Selleck. Es imposible que Magnum caiga mal a nadie. De sus clases, de su trato, lo peor era el día de la entrega de exámenes. Seguía siempre un ritual de entrega por llamamiento, ordenado por nota, de menos a más (ríete tú de la LOPD). No hacía falta ni levantarte de tu mesa para conocer las notas de TODOS tus compañeros.Lo peor de todo era que, el examen con la nota más baja, doblado…

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    La selección natural…

    Pasé el verano del 94 haciendo un curso de mecanografía. No tuve opción. En mi época extraescolaril pude elegir un sinfín de opciones: danza jazz, piano, cocina, manualidades… Pero la mecanografía fue innegociable. Como el inglés, of course. Creo que nada me ha servido igual; ni aprender a rebozar los libritos de lomo. Soy una hacha, de verdad. Una auténtica crack. Aunque tengo que revisar lo escrito, mis dedos vuelan. A veces, cuando tomo conciencia de ello llamo a mi madre para agradecerle ese aburridísimo curso en el que no hice ni un amigo. Fue imposible. Sin un horario fijo, nunca coincidías con las mismas personas. Pero era igual. Te pasabas…

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    Demasiado

    La pizzería de mi barrio ya me ha confirmado que esta temporada no van a hacer su especial con higos porque dicen que no les sale a cuenta. Demasiado trabajo. De nada han servido mis alegatos sobre la subjetividad de tal adverbio. Para bien o para mal, y aunque a veces algo desequilibrada, la vida es una balanza y casi todo tiene un precio. Si hablamos de higos, lo tiene. Y yo estoy dispuestísima a pagarlo. Pero ni así. “Demasiado” es muy relativo. A mi siempre me sobra queso en la pasta y tengo un amigo para el que nunca es suficiente. Vic me parece muy lejos pero ya me…

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    De libros y recuerdos…

    Semana arriba, semana abajo, ahora hace cuatro años que me volví loca buscando una primera edición (o reliquia similar) de “Notre Dame de París”, de Víctor Hugo, para regalar a la persona que estaba indagando, sin mucha gracia, sobre la mejor manera de terminar nuestra relación. Digo “sin mucha gracia” porque al final terminé encontrándola yo. La manera, no el libro. El libro por suerte ni apareció. Gracias, destino. Nunca lo confesé, creo que por ridiculez. Y me gusta pensar que él era un gran actor, aunque no. Este es un precioso ejemplo de cómo de lejos estaba yo de aquel presente. Paseando por Barcelona he encontrado las paradas de…

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    Mi otra yo…

    De vez en cuando recibo emails destinados a una persona con quien comparto nombre, pero no dirección de correo electrónico.  Marta, mi Marta, es italiana. Y mientras yo estoy en mi casa, todavía medio enferma y escribiendo esto, ella está paseando por las calles de Bologna. Si su tren no ha salido con retraso, claro.  Me gusta saber que al menos una de las dos disfruta de su tarde. Pero puede que no, puede que ella tenga un mal día y no valore ese entorno que a mí me es desconocido y desearía visitar. Barcelona es preciosa y a veces yo también termino un poco harta de ella. A lo…