Aprendizajes de barro I

Buscando parar un poco el ruido mental y bajar las sensaciones al cuerpo, hace algunas semanas empecé con mis clases de cerámica. 

Olvidar el móvil, embarrarte hasta los codos y enfocar toda la atención en la pieza que tienes en tus manos es hipnótico. Aprender a trabajar el material, notar las diferentes texturas e intentar conseguir el mismo grosor en todos los lados es una de las mejores formas meditativas que he encontrado.

Yo creía que también era una buena manera de trabajar las expectativas y el desapego. Nunca sabes lo que va a salir y siempre se puede romper. 

Pero todavía hay más. 

El barro tiene su lenguaje y debes aprender a leerlo. Como en las relaciones, si haces tu parte sin escuchar, las cosas se pueden estropear.

A veces necesita más agua o menos presión, y con su textura te lo pide. Pero si no lo ves y no se lo das, en algún momento se agrietará.

Y, como en las relaciones, cuando pase deberás comprobar los daños. 

De nada sirve disimular y no todas las grietas se curan igual. Por mínima que sea la profundidad, si no la tienes en cuenta y no haces nada para arreglarla, en algún momento del proceso crecerá y se romperá.

Algunas veces, por mucho que la cures, cuando arreglas una grieta se hace otra en otro lugar. Entonces, tienes que aceptar que esa pieza no se dará. Y dejar ir.

A día de hoy, tengo tres piezas. La primera sigue en la UCI. Poco a poco estoy aprendiendo a escuchar.

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