Aquellas cosas dichas y por decir…

 

Me gusta rodearme de personas creativas, las que le dan vueltas a las cosas, las que buscan soluciones, las que inventan, las valientes, las que comparten, las que te hacen pensar. Y disfruto mucho conversando con ellas.
El otro día un compañero me contó su nuevo proyecto de startup que (supongo que) pronto saldrá al mercado.

Parc de la Ciutadella

Es el ABC de los negocios que un producto o servicio tiene que cubrir una necesidad. (Ya se encarga el Marketing de crearnos esa necesidad). Lo que pretende satisfacer este proyecto en cuestión es “la necesidad de expresar sentimientos y emociones” y lo hará a través de una aplicación para el móvil. Y dirás… “pero esto se puede hacer con cualquier aplicación de mensajería…”. Si y no. Te explico:

Cuando este compañero fue padre se encontró con la necesidad de decirle a su hija todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Ilusión, miedo, un amor incondicional… De ahí le salió la idea de crear una app que fuera una especie de diario donde le contaba a su hija sentimientos y vivencias compartidas (palabras, imágenes, vídeos) para que no se quedaran perdidas en el olvido y para que ella las pueda leer cuando sea mayor.
Esta app es más compleja que todo eso, pronto verá la luz y si alguien quiere más información que me la pida. Hoy y aquí sólo me voy a quedar con la idea de esta necesidad de decir las cosas.

Puede que me falle la memoria, pero creo recordar que, cuando me explicó el proyecto, dio más importancia al hecho de que su hija tuviese acceso a conocer esos sentimientos que al hecho en sí de expresarlos. Y tiene sentido ya que es la característica principal del producto. Y tampoco dudo que su hija no quiera conocer exactamente los momentos emotivos de su infancia; yo no me canso de escuchar a mi madre contar la historia de mi huida frustrada de casa, a los cinco años, tras intentar un golpe de estado por considerar que en ese hogar queríamos mandar demasiada gente. Pero cuando este compañero me contaba el producto esa fue la idea que me llamó la atención.

Creo que más que una necesidad de decir, lo que tenemos es una necesidad de que el otro sepa. No estamos tranquilos con una carta hasta que no es abierta, ni con un whatsapp hasta que no es leído. Y, aunque muchos esperen una respuesta que puede que nunca llegue, en innumerables ocasiones hemos dicho/escuchado aquello de “Yo sólo quiero que lo sepas”. Pero… ¿estamos preparados para que al otro le dé igual?

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