“YO SOY MÍA”

platja del trabucador

 

A mis 5 años, en un arrebato de amor propio me rebelé contra la autoridad familiar, mi madre. Harta de tanta imposición de la que la única destinataria era una servidora, decidí que de esa manera no se podía vivir. Me enfrenté a ella alegando que en esa casa todos me mandaban y que me negaba a estar en esas condiciones.

Ella, conocedora de todos mis miedos en forma de oscuridad y de  pequeños insectos escondidos en los rincones de las paredes de mi habitación  que solamente yo era capaz de ver, abrió la puerta mostrándome toda la negrura de una calle de noche, fría y desierta, y me invitó a abandonar tal sufrimiento.
Por sorpresa para ella, partí con lo puesto. Tal situación insostenible no podía alargarse el tiempo de hacer la maleta.

Mi aventura finalizó antes de llegar a cruzar la primera calle. Mi señora madre, con su gran don de “dar la vuelta a la tortilla”, me perdonó tal desfachatez y me aceptó nuevamente en el hogar. No recuerdo cómo me convenció pero desde ese día establecí mi mantra “yo soy mía”.

Capas

Foto Erik Witsoe

La vida y sus capas.
Llenamos las cosas de capas. Capas de pintura para tapar una mala elección en el color de la pared. Tippex, parches, impermeables. Fundas para regalar unos años más a nuestro viejo sofá. Forros para libros y fundas protectoras para nuestros gadgets.
Y de la misma manera también nosotros nos llenamos de capas. Chaquetas, abrigos. Filtros a nuestro carácter para esconder nuestros defectos y fundas a nuestra vulnerabilidad para evitar que nos lastimen.
Capas buenas y capas malas. Algunas para ocultar y otras para cuidar.

Otoño es la estación de las capas. Unas que llegan y otras que se van.
Llegan la manga larga y los jerséis para cubrir la piel tostada que hemos estado mostrando todo el verano.
Y a la vez, al igual que las hojas de los árboles, algunas de nuestras capas también van cayendo. Esas que el verano, con sus vacaciones, sus festivales,  sus risas, conciertos y diversión, ha utilizado para tapar nuestra rutina, nuestros problemas, la insatisfacción, las dudas o la apatía.

Nunca he llevado bien la llegada del otoño, los días tan cortos, las calles vacías, los … Leer más

Gotas de lluvia

Llueve y el aroma del café invade toda la casa.

Nada de cápsulas. Café de cafetera italiana. Placeres así necesitan un ritual. Ese olor y sonido que van saliendo con timidez hasta llegar al clímax inundando nuestros sentidos. Con lentitud.
El primer recuerdo que tengo del aroma del café va unido al olor a tabaco. Los sábados, de niña, la mezcla de los dos eran mi despertador. Me avisaban de la vuelta a casa de mi madre con nuestros croissants.
Qué curiosa es la memoria. Mi madre, que solo fumó unos años y este era el único cigarro que se fumaba en casa, y yo con ese recuerdo tan presente. Café es casa.

Después del desayuno he vuelto a tumbarme en la cama para empezar a escribir de nuevo. Tengo a una de mis gatas pegadita a mi. Cuando estoy en casa y hace frío no me deja sola. La otra seguramente estará encima de la nevera, desde ayer que casi no la veo. Qué personalidad tan diferente tienen entre ellas y, a la vez, tan como yo las dos.

Hace dos días que no sale el sol. Desde … Leer más

Living apart together

” Romántico: del fr. romantique. … 3. adj. Sentimental, generoso y soñador.” R.A.E.

Antes de empezar a escribir este post, y en vistas de que alguno va a tacharme de poco (o nada) romántica, quería asegurarme de cuáles son los atributos, según la RAE, de las personas románticas. Y visto que cumplo los tres, podemos decir que lo que sigue no es consecuencia de mi falta de romanticismo sino de mi (puede que) exceso de practicidad.

“Practicidad: 1.f. Cualidad de práctico (que piensa o actúa ajustándose a la realidad).” R.A.E.

relaciones 2.0

Siempre que leo la frase Living apart together pienso en Woody Allen y Mía Farrow separados por unas preciosas vistas de Central Park. No sé si fueron ellos los que inventaron el concepto y a la vista está su resultado, pero en mi mente las dos imágenes están unidas y seguramente por eso creo que esta manera de vivir tiene cierto aire de egoísmo y de falta de compromiso; porque me imagino a Woody (dejadme tutearlo) tocando tranquilamente el clarinete en su ático del Upper East Side mientras Mia se pelea con zapatos por el suelo, discusiones infantiles y paellas … Leer más

Las Malas Personas

Mi padre se ríe de mí cuando me sale la vena punky. Dice que yo, que leo tanto sobre crecimiento personal y el karma, debería saber mejor que otros que la mala leche solo trae mala leche. Y cuando me dice esto me jode fastidia un montón.
Ahora solo me va a entender el género femenino, pero viene a ser lo mismo que cuando te enfadas con razón y algún hombre te dice “¿qué te pasa?¿tienes la regla?” Y si, tienes la regla. Pero también tienes razón.

Odio (si, es una palabra muy fuerte) a las malas personas. No las puedo soportar. Sacan la poca rabia que hay en mí hasta el punto que si me mordiese la lengua me moriría con mi propio veneno producido por la reacción que me genera tratarlas.
Aunque no lo parezca, esto es algo muy bueno porque significa que no hay malas personas en mi vida, sino estaría acostumbrada a tratarlas y no. Y también que es algo que divierte a mi padre, que no entiende que me enfade tanto.

Pero alguna vez tienes la mala suerte de que alguna se cruce en … Leer más