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    La selección natural…

    Pasé el verano del 94 haciendo un curso de mecanografía. No tuve opción. En mi época extraescolaril pude elegir un sinfín de opciones: danza jazz, piano, cocina, manualidades… Pero la mecanografía fue innegociable. Como el inglés, of course. Creo que nada me ha servido igual; ni aprender a rebozar los libritos de lomo. Soy una hacha, de verdad. Una auténtica crack. Aunque tengo que revisar lo escrito, mis dedos vuelan. A veces, cuando tomo conciencia de ello llamo a mi madre para agradecerle ese aburridísimo curso en el que no hice ni un amigo. Fue imposible. Sin un horario fijo, nunca coincidías con las mismas personas. Pero era igual. Te pasabas…

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    Demasiado

    La pizzería de mi barrio ya me ha confirmado que esta temporada no van a hacer su especial con higos porque dicen que no les sale a cuenta. Demasiado trabajo. De nada han servido mis alegatos sobre la subjetividad de tal adverbio. Para bien o para mal, y aunque a veces algo desequilibrada, la vida es una balanza y casi todo tiene un precio. Si hablamos de higos, lo tiene. Y yo estoy dispuestísima a pagarlo. Pero ni así. “Demasiado” es muy relativo. A mi siempre me sobra queso en la pasta y tengo un amigo para el que nunca es suficiente. Vic me parece muy lejos pero ya me…

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    Mi otra yo…

    De vez en cuando recibo emails destinados a una persona con quien comparto nombre, pero no dirección de correo electrónico.  Marta, mi Marta, es italiana. Y mientras yo estoy en mi casa, todavía medio enferma y escribiendo esto, ella está paseando por las calles de Bologna. Si su tren no ha salido con retraso, claro.  Me gusta saber que al menos una de las dos disfruta de su tarde. Pero puede que no, puede que ella tenga un mal día y no valore ese entorno que a mí me es desconocido y desearía visitar. Barcelona es preciosa y a veces yo también termino un poco harta de ella. A lo…

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    Déficit de cuquismo

    Aunque escribo esto vistiendo un precioso jersey mostaza, tengo una (a veces) preocupante obsesión por el color rosa. Desde el melocotón hasta el malva, acepto cualquier tonalidad.Yo lo achaco a un déficit de “cuquismo” sufrido durante mi infancia que ahora brota en forma de jerséis, camisetas y pañuelos rosa por doquier. No lo puedo evitar, mi mano frustra en el último momento cualquier intento de elegir otra tonalidad. Se podría atribuir a algún trauma infantil. Lo corroboro. De pequeña se me negó el rosa. Y no solo eso, sino que no se me asigno ningún otro color. Me explico: El nombre de mi hermana pequeña, Rosa, le dio derecho de…

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    “Yo soy mía”

      A mis 5 años, en un arrebato de amor propio me rebelé contra la autoridad familiar, mi madre. Harta de tanta imposición de la que la única destinataria era una servidora, decidí que de esa manera no se podía vivir. Me enfrenté a ella alegando que en esa casa todos me mandaban y que me negaba a estar en esas condiciones. Ella, conocedora de todos mis miedos en forma de oscuridad y de  pequeños insectos escondidos en los rincones de las paredes de mi habitación  que solamente yo era capaz de ver, abrió la puerta mostrándome toda la negrura de una calle de noche, fría y desierta, y me…