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    Mi otra yo…

    De vez en cuando recibo emails destinados a una persona con quien comparto nombre, pero no dirección de correo electrónico. 

    Marta, mi Marta, es italiana. Y mientras yo estoy en mi casa, todavía medio enferma y escribiendo esto, ella está paseando por las calles de Bologna. Si su tren no ha salido con retraso, claro. 

    Me gusta saber que al menos una de las dos disfruta de su tarde. Pero puede que no, puede que ella tenga un mal día y no valore ese entorno que a mí me es desconocido y desearía visitar. Barcelona es preciosa y a veces yo también termino un poco harta de ella.

    A lo mejor se queda unos días, porque no tiene billete de vuelta. O puede que  regrese a Milán en coche con Marco, su pareja/amigo con derechos. 

    Sí, es milanesa. Aunque por sus compras no creo que entienda mucho de moda. Ese mito que los milaneses llevan la elegancia en su ADN es solo eso, un mito. De verdad, lo he verificado de primera mano (aludidos vía email).

    A Marta, Milán le gusta lo suficiente como para echar raíces y está pensando … Leer más

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    Déficit de cuquismo

    Aunque escribo esto vistiendo un precioso jersey mostaza, tengo una (a veces) preocupante obsesión por el color rosa. Desde el melocotón hasta el malva, acepto cualquier tonalidad.
    Yo lo achaco a un déficit de “cuquismo” sufrido durante mi infancia que ahora brota en forma de jerséis, camisetas y pañuelos rosa por doquier. No lo puedo evitar, mi mano frustra en el último momento cualquier intento de elegir otra tonalidad.

    Se podría atribuir a algún trauma infantil. Lo corroboro. De pequeña se me negó el rosa. Y no solo eso, sino que no se me asigno ningún otro color.

    Me explico: El nombre de mi hermana pequeña, Rosa, le dio derecho de por vida al uso y disfrute de ese color y, consecuentemente, me lo negó a mí. Cualquier objeto o prenda de ropa que teníamos igual, era diferenciada por el color. Ella, el rosa. Yo, el otro. Unas veces verde, otras azul, con suerte lila.

    La única oportunidad que tenía de estar en contacto directo con mi tan ansiado color era en carnaval. ¡Con un disfraz de princesa!

    -Mamá, quiero disfrazarme de princesa.

    -¿¡De princesa?! Qué aburrido…y ¿por qué?

    -Para Leer más

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    “Yo soy mía”

    platja del trabucador

     

    A mis 5 años, en un arrebato de amor propio me rebelé contra la autoridad familiar, mi madre. Harta de tanta imposición de la que la única destinataria era una servidora, decidí que de esa manera no se podía vivir. Me enfrenté a ella alegando que en esa casa todos me mandaban y que me negaba a estar en esas condiciones.

    Ella, conocedora de todos mis miedos en forma de oscuridad y de  pequeños insectos escondidos en los rincones de las paredes de mi habitación  que solamente yo era capaz de ver, abrió la puerta mostrándome toda la negrura de una calle de noche, fría y desierta, y me invitó a abandonar tal sufrimiento.
    Por sorpresa para ella, partí con lo puesto. Tal situación insostenible no podía alargarse el tiempo de hacer la maleta.

    Mi aventura finalizó antes de llegar a cruzar la primera calle. Mi señora madre, con su gran don de “dar la vuelta a la tortilla”, me perdonó tal desfachatez y me aceptó nuevamente en el hogar. No recuerdo cómo me convenció pero desde ese día establecí mi mantra “yo soy mía”.

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    Señores que…

    Señoras que piensan que un iMac es una hamburguesa, Señoras que van por el medio de la acera y no se dejan adelantar fácilmente, Señoras que dicen en las noticias que su vecino siempre saludaba… Facebook está lleno de grupos de este tipo.
    Aunque los grupos no tengan tanta gracia, también existen los Señores que… Hoy hablaremos de los Señores que no se enteran de nada.

    puesta de sol en Sitges

    Hace unas semanas tuve la suerte de compartir momentos de felicidad con una pareja que se casaba. En la fiesta, estaba poniéndome al día con Eli cuando se acercó un señor que fue su profesor de la Universidad. Después de estar los tres hablando cerca de veinte minutos, se acercó una señora y pasó su brazo entre nosotras dos para coger la copa de cava de nuestro nuevo amigo. La rellenó y se la devolvió diciéndole “toma y bebe, que tanto hablar te estás quedando seco”. El señor cogió la copa con una sonrisa y siguió hablando unos veinte minutos más, para despedirse luego con un “ha sido un placer, pero mejor que me vaya ya o mi amiga me hará Leer más

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    A veces no es tu tren

    San Francisco

    Uno de mis secretos poco confesables es que tengo la costumbre de leer todo lo que pasa por delante de mi vista referente a psicología y crecimiento personal… Y digo poco confesable porque no solo leo libros (que también) sino que no me pierdo ni un post de blogs mal escritos, que lo que dicen a veces no se coge ni por los pelos… Y la cosa no termina aquí porque, normalmente, si me son favorables les hago caso.

    Hace poco leí uno de esos que daba cuatro leyes  básicas de supervivencia emocional.  Y, entre muchas ideas recurrentes, hablaban del poder de las señales y la intuición. Yo soy una persona con mucha intuición, demasiada para las pocas veces que le hago caso, y pensé que por dejarme llevar por las señales durante un día tampoco era un sacrificio extremo.

    Todas las señales apuntaron que no debía coger el tren de siempre.
    Salí de casa unos minutos antes que de costumbre pero no importó demasiado. Cogí todos los semáforos en rojo, no encontré ningún hueco para aparcar en las tres calles dónde a esas horas siempre sobran y, cómo colofón, … Leer más