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Demasiado

La pizzería de mi barrio ya me ha confirmado que esta temporada no van a hacer su especial con higos porque dicen que no les sale a cuenta. Demasiado trabajo.

De nada han servido mis alegatos sobre la subjetividad de tal adverbio. Para bien o para mal, y aunque a veces algo desequilibrada, la vida es una balanza y casi todo tiene un precio. Si hablamos de higos, lo tiene. Y yo estoy dispuestísima a pagarlo. Pero ni así.
“Demasiado” es muy relativo. A mi siempre me sobra queso en la pasta y tengo un amigo para el que nunca es suficiente. Vic me parece muy lejos pero ya me veo haciendo la maleta para Londres.
Creo que cada uno tenemos nuestro propio equilibrio, pero siempre podemos llegar a ceder la balanza hacia un lado. Es cuestión de conocer qué es lo que necesita cada uno para conseguir ese contrapeso.

Pero la verdad es que nunca es demasiado pronto para volver a ver a algunas personas, nunca demasiado tarde para un último baile, ni demasiado lejos para respirar mar.

Eso sí, en mi barrio, este año, nos quedamos sin la mejor pizza.

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