Finales

Formentera

«¿Qué hace esta en Tenerife?. ¿No había vuelto ya de vacaciones?»

Las redes sociales tienen eso, te unen a gente que puede no estar para nada unida a ti. Conoces sus vidas como si se trataran de celebrities, con la gran diferencia de que, al no ser perseguidas por los paparazzi, todo lo que ves y conoces es bonito y perfecto. La gente se levanta estupenda, tiene la piel bronceada todo el año y come siempre unos platazos riquísimos y sin engordar.
Y claro, entre tanta foto cuqui y tanto post interesante, siempre encuentras alguna persona a quien coges simpatía. La mía es imigrante, glamourosa, sin pelos en la lengua y escritora. Vivía en la Barceloneta con su pareja y una preciosa gata negra. Seguramente la escogí porque nunca he vivido fuera de mi país, callo algunas cosas que debería decir, tengo un blog que voy abandonando de vez en cuando,  y a los gatitos de mi vida los veo menos de lo que me gustaría. O sea,  porque cumple con mis carencias me inspira.

Pues si. Hoy, leyendo su blog, he visto que se ha ido a Tenerife. Después de su primera novela ha perdido las ganas de escribir. Y, ya sin pareja, ha dejado su trabajo, su linda gatita y su Barceloneta. No tiene ganas de hacer nada. Y lo cuenta tal y como es ella, sin pelos en la lengua.
Y a mí, que en mis 36 años se me han terminado más cosas de las que puedo recordar, este final me ha impactado. Viendo sólo sus momentos bonitos esto me ha cogido por sorpresa. Es como cuando recuerdas que la muerte no va siempre unida a la vejez y en cualquier momento las cosas pueden cambiar; que nadie se salva.

Dicen que lo bonito de las cosas es que no son eternas. Que al tener final las valoramos más. Que la vida es vida y cuando quiere gira. Y que lo interesante de vivir es eso, vivir. Pero creo que de pequeños nos deberían enseñar a dejar atrás el apego y a aprender a cerrar etapas. Deberíamos aprender a que no duelan los finales.

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