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La madre que te matriculó

El otro día iba por el centro deseando aparcar. Ya se sabe, para no perder los nervios: buena música, buena compañía y santa paciencia.

Después de dar un par de vueltas, en una calle muy cerca del cine al que íbamos sucedió una cosa curiosa. El conductor del coche de delante quería aparcar en un espacio en el que mi copiloto sabía que no cabía, yo creía que no cabía pero él todavía no se había dado cuenta.
No recuerdo dónde, hace tiempo, leí que tenemos poca paciencia con los niños y esto dificulta su aprendizaje porque no les damos el tiempo suficiente para pensar por ellos mismos. Por ejemplo, en los típicos juegos de poner una figura por un agujero un adulto en seguida le va a decir a un niño que el cuadrado no pasa por el agujero circular y le va a guiar al que le corresponda. Lo bueno del aprendizaje es que, por un lado, sea el niño el que lo busque por él mismo y, en segundo lugar, intentar algo durante cierto tiempo le alimenta la perseverancia y cuando lo consiga la satisfacción será mayor. Por lo tanto, adultos, dejad jugar a los niños en paz.
A lo que íbamos. No soy madre pero como sabía esta teoría dejé al conductor de delante mío que averiguara por él mismo que su coche no cabía en ese hueco. Cada uno tiene su ritmo para asimilar cosas y es mejor no forzarlo. A parte, mi coche SI cabía, por lo tanto en cuanto él desistiera yo ya tenía el trabajo hecho.

La sorpresa vino cuando vi que su insistencia era tal que el coche que le quedaba a la parte posterior del hueco no es que se moviera, es que casi lo levantaba.
Entiendo que en todo proceso de comprensión de una situación hay su parte de negación, pero si puede durar el mínimo y no perjudicar a nadie mejor. Si no cabes no pasa nada, date una vuelta, busca más… y si al final no encuentras ningún hueco para ti, pues un parquing.
Esto es como con las personas. A veces insistes, insistes, insistes… ¡oye, si no cabes en su vida no pasa nada! un todo terreno nunca va a caber en un hueco de coche pequeño. Date una vuelta, busca más y si no… pues ya sabes. Pero no insistas en algo que es imposible, tu te vas a cansar inútilmente y la otra persona va a querer perderte de vista.

Prometo que yo no presioné, ni pité… vaya que no me inmuté. No me gusta meterme en los procesos de los demás porque suficiente tengo ya con los mios. Pero igualmente creo que el conductor se sintió presionado y se fue.
Para rizar el rizo de la situación vimos como, al irse el coche, se llevaba la matrícula del coche de detrás enganchada a su parte trasera (claro, tanto presionar…).
Aparqué sin dificultad mientras mi copiloto intentaba avisar sin éxito de tal hurto involuntario. Tengo coche pequeño y, aunque alguna vez me ha pasado lo contrario, tengo la suerte de que entro bien en los sitios que encuentro libres.
El conductor sólo había ido a dar la vuelta a la manzana, por lo tanto, pudimos explicarle la situación. Creo que no entendió nada y tampoco llevaba la matrícula pegada detrás. Dijo que iba a dar otra vez la vuelta por si la encontraba y nunca más regresó.

El desamor (en las relaciones y en la vida en general) es un poco eso. Cuando das mucho (puede que demasiado) y presionas o te presionan, al terminarse, es como si se llevasen tu matrícula, una parte de ti que te caracterizaba y que acabas perdiendo. Quedas un poco vacío (como le pasó a Guardiola), y luego la tienes que encontrar para volverte a llenar. Y lo más curioso del caso es que, aunque pensemos que no puede ser, existe la posibilidad de que la persona que se haya llevado tu matrícula no se haya dado ni cuenta.

¿ Dónde deben estar los objetos perdidos de matrículas?

Un Comentario

  • marisacampillo

    ¡La madre que lo matriculó! A pesar de lo dramático del caso, sobre todo para el pobre coche desmembrado y su dueño/a, resulta gracioso de leer. Me gusta tu capacidad de comparar los hechos con las emociones.

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