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El síndrome de la rana hervida

Hace unos días leí un hilo en Twitter sobre las “red flags”; esas alarmas, detalles o avisos que nos indican que con esa persona o en esa relación, no. Que por ahí no es. Mal.

Algunas eran cuestión de gustos: no dejar propina, que no le gusten los animales, que fume. 

Otras, en cambio, eran auténticos comportamientos tóxicos que, por su levedad, solemos pasar por alto o incluso esconder entre las demás “buenas” acciones, como hacíamos con las verduras en el comedor escolar. Dejar tu mensaje en leído durante un par de días de manera habitual -estará liadx-, pequeñas mentiras sin importancia -se habrá distraído- o ignorarte en redes sociales. Esa luz de gas que te dice que, qué va importar no recibir los likes de manera sistemática de tu amigo/pareja/lo que sea. 

¡Por favor, si solo son redes sociales! ¿Voy a ser tan superficial como para que me importe un like? 

Pero (te) importa. Y seguramente prefieras 100 likes a 500 si entre ellos faltan estos. Y si te da igual, genial. Pero si no, no te castigues. Porque un like puede parecer una banalidad, pero es solo la forma. El fondo es que de manera voluntaria y sistemática recibes un vacío. Y esto, cuando es voluntario, es una “red flag”.

En Perdón, un libro de Ida Hegazi Hoyer, aparecen todas estas alarmas desde la primera página. Y servidora, que sabe del tema y las reconoce porque ha vivido muchas, empieza a ponerse nerviosa. 

En un arrebato de amor, la pareja afianza su compromiso con un anillo hecho con hilo de pescar. Un hilo que rasca, escuece, que se le clava en la piel. Y, como aquel compromiso que simboliza, ese anillo infecta totalmente el dedo que oprime hasta que la piel, en un acto de adaptación, lo engulle. Se lo traga.

Según el Síndrome de la rana hervida, si pones este animalito dentro de un cazo con agua hirviendo, saltará. En cambio, si el agua está templada puedes ir subiendo poco a poco la temperatura porque no lo notará. La rana morirá cocida sin saber que estaba en peligro.

Los micro comportamientos tóxicos consentidos son un poco esos grados de más. Cuando detectamos una “red flag” depende de nosotros saltar o dejar que nos engulla.

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