Living apart together

” Romántico: del fr. romantique. … 3. adj. Sentimental, generoso y soñador.” R.A.E.

Antes de empezar a escribir este post, y en vistas de que alguno va a tacharme de poco (o nada) romántica, quería asegurarme de cuáles son los atributos, según la RAE, de las personas románticas. Y visto que cumplo los tres, podemos decir que lo que sigue no es consecuencia de mi falta de romanticismo sino de mi (puede que) exceso de practicidad.

“Practicidad: 1.f. Cualidad de práctico (que piensa o actúa ajustándose a la realidad).” R.A.E.

relaciones 2.0

Siempre que leo la frase Living apart together pienso en Woody Allen y Mía Farrow separados por unas preciosas vistas de Central Park. No sé si fueron ellos los que inventaron el concepto y a la vista está su resultado, pero en mi mente las dos imágenes están unidas y seguramente por eso creo que esta manera de vivir tiene cierto aire de egoísmo y de falta de compromiso; porque me imagino a Woody (dejadme tutearlo) tocando tranquilamente el clarinete en su ático del Upper East Side mientras Mia se pelea con zapatos por el suelo, discusiones infantiles y paellas sucias de las tortitas del domingo en el West Side de Manhattan.

Pero en la vida todo evoluciona, y si la RAE o el Institut d’Estudis Catalans puede decidir que elimina acentos porque sí, creo que también deberíamos darle un par de vueltas a conceptos que dejan de tener el mismo sentido.
Y a la vista está que ese Living apart together con el precio actual de alquiler de los pisos es un tipo de relación bastante utópica y solo apta para un muy pequeño porcentaje de bolsillos. O para la gente del campo. O para personajes como Woody Allen.

La llegada de los móviles y las aplicaciones de mensajería instantánea ha provocado otro tipo de living apart together, más al estilo siglo XXI.
Me explico: Antes cuando querías hablar con alguien lo llamabas o le enviabas sms (pocos porque cada uno valía 0,25€). Y, normalmente, las relaciones evolucionaban de cita en cita; con ganas de ver a esa persona entre una y otra. Se creaba una ilusión que iba in crescendo a medida que pasaban las semanas y la comunicación vía no presencial (básicamente llamadas) tenía un mínimo contenido de calidad.

Y aquí viene cuando me pongo práctica: Ahora, al tener posibilidad de comunicarnos de manera ilimitada y con tarifa plana, el contenido ha perdido en calidad lo que ha ganado en cantidad, llegando al punto de poder recibir tranquilamente un “hola, ¿qué haces?” por whatsapp de alguien a quien apenas acabas de conocer.
Y, mantener conversaciones banales por whatsapp mientras cada uno está cenando o mirando Netflix tranquilamente en su casa, señoras y señores, sí es un auténtico living apart together. Concretamente uno que te mata la ilusión de las citas presenciales, engancha a estar pendiente siempre de las notificaciones del móvil, convierte las conversaciones en hablar por hablar. A parte de que no disfrutas ni de la conversación ni de la cena, por no hablar de la compañía que siempre está “en diferido”.
Pero lo malo de todo no es tener este tipo de relación. Al fin y al cabo cada cual sabe lo que quiere en su vida (o no). Lo peor es que hay muchísimas relaciones que ya empiezan así; de 0 a 100 la primera semana en lo que de comunicación virtual se refiere. Y mi pregunta es: ¿antes de recibir toda esa atención, dónde estaba invertido ese tiempo? ¿A quién o a qué estamos robando sin querer tantos minutos al día?

Dicen que sabes que has madurado cuando al salir a cenar prefieres comer bien a beber mucho. En las relaciones también se podría aplicar.

 

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