Lluvias

Tuve un profesor de francés que decía que en Madrid se hablaba mejor que en Barcelona porque, por ejemplo, aquí no utilizábamos palabras tan precisas como “zozobrar”.

También decía que no tenemos ni idea de manejar dignamente un paraguas cuando en París es prácticamente la extensión de una extremidad. Nos incapacita. Se nos mueve y nos mojamos igual. Molestamos, ocupamos, invadimos. No tenemos ni idea de vivir en lluvia. Nos faltan tablas.

Pero la verdad es que no necesitamos paraguas para ocupar, invadir, molestar. Nuestras torpezas, a veces, dañan. Y en ocasiones, no nos damos ni cuenta porque suficiente trabajo tenemos nosotros para manejarnos bien. Para controlar nuestro espacio.
Aunque nos quede un largo camino, me gusta pensar que hacemos lo mejor que sabemos con lo que tenemos.

Y sí, somos nefastos paraguas en mano. En nuestras infraestructuras, la lluvia nunca fue una variable. Casi todo apetece un poco menos y tenemos más ganas de hogar. Pero si paramos y buscamos un poco, en algún momento del día encontraremos cierta belleza “je ne sais quoi”.

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