Maldita autocensura…

playa de la Mar Bella

Hace tiempo que no escribo publico nada. Y me sabe mal cada vez que encuentro a alguien y me dice: ¿ya no escribes? ¡Escribe! Me gustaba… Escribir, escribo, lo prometo. Justo ahora mismo acabo de eliminar 13 borradores que tenía pendientes de publicar; algunos por estar caducados, algunos por inacabados y algunos porque no me atrevo a publicarlos. Si, si, …tal cual lo lees, me autocensuro, que ya es el colmo. Incluso haría gracia si no fuera triste.

Seguro que por aquí he hablado alguna vez del programa Catfish. (Por si alguno anda perdido, que lo dudo, va de gente que se conoce a través de Internet, normalmente Facebook, y se enamoran pero nunca se llegan a ver. Uno de los dos se cansa de que el otro le dé largas y llama al programa para que investigue si la otra persona es quien dice ser, o no.)  Desde que eliminaron MTV que pienso que tengo que buscar los capítulos por Internet. Soy #muyfan de ese programa y sería buenísima trabajando allí porque soy una crack detectando cosas. De verdad, aunque la mayoría de las veces disimule, lo detecto casi todo.
En ese programa, a parte de muchas ganas de no querer ver la evidencia, también vemos como la gente se gusta tan poco que se inventa una vida entera.

En menor medida, el mundo online es así. No nos inventamos vidas nuevas pero maquillamos mucho las que tenemos. Dejando a parte aquellos que publican día sí y día también frases lapidarias de desilusión global (seguramente sacadas de algún manual de 10 maneras de como no trabajar tu marca personal),  la mayoría de nosotros publica sólo lo bueno (normal), a veces un poco/bastante/muy exagerado (normal también) y a todas horas (aquí ya te estás jugando un unfollow). Normalmente las desgracias nos las guardamos para nosotros, para desahogarnos con los nuestros, para las eternas conversaciones de bar o los whatsapps de rescate a las tantas. Instagram está para los mojitos en terracitas cerca del mar, para nuestro perfecto cutis de recién levantada y para los suculentos platos de sushi (que cualquiera que nos vea se va a pensar que la dieta mediterránea sólo consiste en comer pescado crudo).

A mi últimamente me pasa al revés, no me dejo ser quien soy. Tenía tres posts escritos que nada tenían que ver uno con el otro, pero en los tres casos pensé. ¿Cómo vas a publicar eso? Ya verás como x pensará que lo dices por… Y puede que lo piense, o no. Y seguramente tendrá razón, o no.  Pero era yo, con mis vivencias, con mis pensamientos, con mis cosas… y por no herir, por no disgustar… no lo publiqué. Incluso pensé… oye, ¿y si haces otro blog, con otro twitter, y una página de facebook y así puedes ser tú sin serlo? Si…, a veces estoy muy loca. Quien me conoce sabe que soy capaz de dar mil vueltas para llegar a un sitio que tengo a 10 metros en línea recta.

Pero por suerte recordé a mi dulce y sus teorías. Con ella los viernes noche siempre saben a vino y juntas somos realmente nosotras mismas. Ella tiene su mágica teoría del #semenfotisme, y va ideal para estos casos en particular y para la vida en general. Sí, pasar de todo puede sonar un poco radical, pero no es pasar de TODO; es hacer tu vida a tu manera igual que los demás lo hacen con la suya. Y aquí Paz y después Gloria.
A veces creemos que la gente tiene la piel más fina de lo que en realidad la tiene. Y a veces puede que sí la tenga demasiado fina, pero no por eso nosotros debemos dejar de ser como somos. Es complicado que uno se tenga que adaptar siempre porque al otro le afecta todo. Últimamente este tema nos da mucho que hablar con E, otra de mis dulces. Si al final nuestras paranoias van a ser culpa de la primavera, que nos altera la sangre.

En un principio pensé en volver al mundo del papel y comprarme una bonita libreta, y de paso aprovechar para practicar un poco de caligrafía, que con tanto teclado cada vez mis as y mis os se confunden más. Pero el hecho es que lo que escribo aquí no lo escribo sólo para mí, lo escribo también para tí. Y por culpa de mi autocensura te estás perdiendo anécdotas muy divertidas…

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