Malos consejos

Hace poco di uno de los peores consejos que se pueden dar: aquellos que no se piden. Creo que hay una frase inspiracional/motivacional que habla sobre este tema; pero por lo que vi, ni sé quien la dijo ni la recuerdo muy bien.

Allí estaba yo, en medio de una agradable comida, cuando, después de un comentario que me sorprendió un poco, me calcé las botas de Robin Hood y decidí (en un maldito momento) que tenía que ir al rescate del más débil que, dicho sea de paso, era la otra parte.

Puede que sea porque soy muy mía y nunca me ha gustado que me digan lo que tengo que hacer, pero me pone nerviosa las personas que quieren condicionar actos de los demás por miedos propios. Cuando te relacionas con personas buenas lo normal es que hagan buenos actos, y que los intentemos evitar porque empiezan a salir nuestros fantasmas y nuestros demonios me parece incongruente. Sé que es difícil confiar cuando llegas con un corazón lleno de moratones, pero me entristece que queramos evitar que la otra persona actúe de la manera que lo haría como consecuencia de nuestros miedos porque le apartamos de su esencia que, en definitiva, es lo que nos gusta.

Kimson Doan

El otro día fui yo la que me encontré en una situación parecida y en seguida pude oír a mi Pepito Grillo en plan ” oye…¿tu qué decías sobre eso?. En ese momento callé, me puse en pausa e intenté estar lo menos insoportable posible (aunque dentro de mi no me aguantase ni yo misma).  La lucha interna me duró poco más de lo que dura un helado y,  aunque de vez en cuando todavía me viene el pensamiento en la cabeza, intento recordar que hay dos partes implicadas y que la mejor manera de llevarlo es con comunicación y respeto.

No recibimos lo que merecemos. Recibimos lo que nos dan. A parte, ¿cómo podríamos medir hasta dónde merecemos? ¿Acaso nos enseñan unas equivalencias al nacer? “tres cosas pequeñas equivalen a 1,5 de grandes y 1 de enorme”… pues no. No todo vale lo mismo para todos.
El otro día leí un tweet que decía “No esperes recibir lo que das” con su lógica respuesta “dar esperando recibir, no es dar”. Y es verdad que se debe dar por el simple hecho de dar, pero en las relaciones también se espera recibir. Las buenas relaciones son las que consiguen simetría en este aspecto. Pero el dar no tiene que salir porque te lo tiran desde fuera, tiene que salir de dentro de ti. Tirando desde fuera vamos a llegar a un tope y se va a romper. Las personas a la larga tienden a estar en su estado natural. Si no les sale de dentro darte, no te van a dar.

Aunque podemos pedir lo que queremos, no se trata de obligar por medio del enfado o la presión. Yo creo que se trata más de tener claro lo que queremos y sino lo recibimos, lo más razonable es aceptarlo. Pero no aceptar lo que nos dan sino aceptar que, en esa situación, lo más probable es que no recibamos lo que queremos.

Y a partir de ahí, que cada uno haga con su vida lo que quiera. Yo lo que voy a hacer es dar consejos sólo cuando me los pidan.

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