Y Waynabox me llevó a… ¡Milán!

Il Duomo di Milano

Il Duomo di Milano

De naranja o de limón, de Cola-Cao o de Nesquick…
Aunque nos guste todo, siempre somos de una opción. Yo soy de dar sorpresas. Me gusta pensar en lo que va a gustar a la otra persona. Me gusta la sensación de saber que estoy maquinando algo y que el otro lo ignora totalmente. Cuando se acerca el momento me impaciento y los minutos se me hacen horas hasta que no se desvela la sorpresa. Y sí, confieso que después soy de las pesadas insistentes en saber si  “¿te ha gustado?… ¿si?…  ¿seguro?… no hacías cara de que te hubiese gustado muy mucho, eh…”. Pero, y no sé si es porque normalmente no me pasa, recibir sorpresas también es un puntazo.

Me hablaron de Waynabox a mediados del año pasado, pero hasta ahora no había tenido la oportunidad de probar. Fin de semana de desconexión, 150 euros vuelo y hotel incluidos, destino sorpresa… ¿y por qué no? Mi única duda era que al tener 100% de disponibilidad horaria tanto en ida como en vuelta, si los vuelos eran viernes tarde y domingo mañana, la escapada se quedaba en nada. Pero pasó justo lo contrario; nos fuimos en el vuelo de las 6:30 de la mañana y volvimos en uno de las 10 de la noche. Y… ¿quién se va a quejar por levantarse a las 4 si se va de viaje, verdad?

La sorpresa se desvela dos días antes de que empiece la aventura, puede que sea poco tiempo para organizarlo todo, pero juegan con la intriga y realmente les funciona muy bien.
Estuvimos tres semanas esperando recibir el mail con el destino. Al final no sólo estábamos nerviosas nosotras; todos nuestros amigos estaban pendientes de saber dónde nos enviaría Waynabox.

Galleria Vittorio Emanuele

Galleria Vittorio Emanuele

Se abrieron apuestas: Estocolmo, Oporto, París… Al final Waynabox nos llevó a Milán. Y, aunque no era uno de nuestros destinos favoritos, ¿quién es capaz de desaprovechar la oportunidad de comer un auténtico gelato de nocciola? Al fin y al cabo lo importante es el buen tiempo y la buena compañía, y de eso íbamos servidas. De eso y de los consejos de un gran milanés que no sólo nos recomendó las mejores rutas y los sitios imprescindibles, sino que nos enseño a camuflarnos por los aperitivos milaneses del Naviglio Grande como verdaderas autóctonas (aunque nos delataron los gorros y bufandas que, en opinión de los autóctonos reales, eran una gran exageración con esas temperaturas) y nos enseñó el mejor Restaurante de Ramen de Milán.  Damos fe. Después de dos largas horas de espera, pudimos cenar en Casa Ramen, uno de los sitios más de moda de la ciudad. Y sí…, tiene guasa ir a Italia y comer ramen, pero eso ya es otra historia.

Ramen

El mejór ramen de Milán

Naviglio Grande, de noche.

Naviglio Grande, de noche.

Y, como guinda de ese pastel de consejos, fuimos a pasar el día a Verona. A solamente hora y media de Milán en tren, perderse por sus románticas calles y pasear al lado del río debería ser un imprescindible en todas las guías que se precien. A falta de encontrar a Romeo, tocamos la teta de Giulietta, aunque todavía no nos ha quedado claro si las implicaciones van a ser buenas o malas. Ya se verá…

Verona

Verona

Verona

Mercado en la Piazza delle Erbe. Verona.

Si a todo eso le sumamos un poco de cosecha propia en forma de brunch, un Sritz en la Terraza Aperol, un zumo en la Cafetería Armani y mil risas, tienes un fantástico fin de semana asegurado.

Terraza Aperol

Terraza Aperol

Experiencia Waynabox 100% recomendable. Buen destino, tiempo muy aprovechado, hotel correcto y muy bien comunicado tanto con el centro de la ciudad como con el shuttle del aeropuerto. Repetiremos.

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