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Thoughts

¿Crees que las cosas pasan porque sí?

Creo que no creo en Dios.
Seguramente es porque no me acaba de convencer la storytelling que nos va contando la iglesia. Pero existiendo en el mundo criaturas casi perfectas y lugares de una belleza espectacular pienso que, aunque vengamos de la Nada, no salimos de nada… vaya, que hay algo, llámalo Energía o llámalo como quieras.
De igual modo no me gusta decir que creo en el Destino. Suena como vivir de modo pasivo, si es mi destino ya me pasará o ya llegará. Te quita poder y te da excusas. Pero sí creo que la vida te pone los medios para que tengas la oportunidad de hacer.  Y te preguntarás ¿a qué viene todo esto? Pues viene a que no creo en las casualidades.

Hace un par de semanas tenía una comida familiar. Como vivo al lado apuré en tiempo y llegué la última con excelentísima puntualidad británica (mi hermana, que es la mejor, apostó ciegamente por mi puntualidad y me defendió a capa y espada, y por suerte no le hice quedar mal).
Cuando iba para allá (dos calles) me crucé con una chica que no había visto en la vida. Mi pueblo, 14:28 de la tarde de un lunes de Pascua, ya de por sí era difícil cruzarse con alguien. Pantalón rosa dos tallas menos de las estéticamente adecuadas, botines negros de ante con un talón superior a su habilidad para llevarlo y gafas hipster. Creo que me llamó la atención sus andares. Llovía y ella llevaba paraguas. Y no.
En la comida disfruté, pero la sobremesa fue pletórica compartiendo risas, conocimientos sobre manantiales españoles y monas de pascua de todos los tamaños y sabores. La cosa se alargó y me fui pasadas las cinco, misma calle y misma acera. En el mismo sitio que antes me crucé con los mismos pantalones y los mismos tacones. Esta vez no llovía y yo llevaba una mona. Ella no.

Esta semana, en un curso, he conocido a una persona que seguramente hubiese conocido en la otra punta del mundo hace cuatro años. Me senté a su lado porque sí. Estará unos meses en Barcelona y resulta que tiene una gran amistad con un amigo común de cuando estuvieron viviendo los dos en San Francisco. Yo iba a ir una semana a visitar a este amigo pero una espesa niebla me dejó tirada en Frankfurt. Y cuatro años después me siento a su lado.
Y de historias recientes como estas os podría contar algunas más.

¿Cuantas veces estáis pensando en alguien y os llama? ¿o os encontráis con una persona que hace años que no veíais pero que tan solo hacía una semana que habías hablado de ella?
Estando en un mundo tan perfecto (todo lo que falla en él es culpa nuestra) sería un poco insultante pensar que situaciones como estas vienen de meras casualidades, del azar.
El otro día leí un artículo que hablaba de serendipia que según wikipedia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. De hecho el tema da para una película de esas de los 90 que siempre terminan bien Serendipity , en la que los protagonistas van dejando su posible historia de amor al azar para ver si están destinados a amarse (y si, hay muchas películas mejores).
Me cuesta pensar que estas casualidades del azar tan fuera de lo común sean porque sí, porque hay algunas que parecen mini milagros. Cuando me pasan a mí abro la mente y busco a donde me llevan y, últimamente, las cosas que me pasan siempre me llevan a algún sitio.

Jung fue el creador del término sincronicidad para referirse a estos hechos. Si os interesa tiene un denso libro en que profundiza en el tema (El mapa del alma según Jung). Según él existe  una conciencia individual y una conciencia colectiva que están enlazadas y, por atracción, la conciencia colectiva crea las circunstancias necesarias para que se dé lo que la conciencia individual (que normalmente pasa en el inconsciente)  emite como reclamo. Hablando en llano serían las cosas mágicas que nos pasan.

¿Y por qué me crucé con la chica de los pantalones rosa? Pues no sé, puede que para que me decidiera a escribir este post. Y puede que este post me traiga algo más… cosas de la sincronicidad.

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