SUKKWAN ISLAND (David Wann)

De pequeña pensaba que a veces vivimos ciertas situaciones o experiencias que te hacen cambiar la manera de ver la vida. Algo te hace clic en la cabeza y, a partir de aquel momento, te planteas las cosas de forma diferente.
En seguida vi que esto no se aplica siempre en las malas experiencas. Una muerte cercana, un accidente, una enfermedad, una ruina… Estar mal te puede abrir los ojos algún tiempo y valorar otras cosas, o comer más sano después de un infarto; pero la mente humana es caprichosa y, con el paso del tiempo, solo recuerda lo que le apetece. Sino ¿de qué tendríamos el dicho de que el ser humano tropieza siempre con la misma piedra”?

Pero sí creía que se aplicaba en el caso de ser padre. No soy madre y no puedo describir en absoluto ese sentimiento, y puede que padres y madres que me lean ahora encuentren mi idea la cosa más infundada del mundo, que lo es. Pero siempre he pensado que traer un ser vivo en este mundo que va a depender de tí te hace madurar y te modifica la escala de valores. Resumiendo, que se te terminan las tonterías porque hay alguien que va a crecer como persona estando a tu lado e influenciado por tus valores y que, durante un tiempo, no vas a poder pensar solo en uno.
Recuerdo observar algunas discusiones de patio de colegio en un antiguo trabajo y siempre terminaba pensando ¿cómo puede ser que esta persona actúe así si es madre? ¿Cómo da importancia a estas tonterías?

Encuentro normal una familia jerárquicamente distribuida como padres-arriba, hijos-abajo porque es lo que he vivido yo. No lo he vivido pero entiendo que puede funcionar una familia más igualitaria donde padres e hijos son “amigos”. Conozco casos que han funcionado muy bien, se quieren mucho y el modelo ha traspasado a la siguiente generación. Pero no entiendo, y me duele por los niños, las familias dónde los hijos están arriba; y seguramente me duele porque un padre escoge ser padre, pero un hijo no escoge ser hijo e, incluso así, tiene que madurar de golpe antes de tiempo para intentar hacerse cargo de una persona mayor que él, distorsionándole la figura paterna que tiene en su cabeza.

Sin duda este es uno de los aspectos que han hecho que me enganchara y me indignara a partes iguales con este libro.

Sukkwan Island es la aventura de un padre y su hijo en una isla desierta de Alaska. Un padre que no ejerce mucho de padre y un hijo adolescente que se obliga a querer cuidar de su padre. Es la historia de dos personas que, incluso estando solas en una isla desierta, nunca llegan a acercarse lo suficiente para conocerse un poco más.
Una historia llena de angustia, de miedos, de desilusión, de fracaso y de locuras que te enseña lo diferente que vivimos una misma situación cada uno de nosotros. Te muestra como no mirar bien al otro hace que te pierdas todo su mundo. Te recuerda como pueden afectar al otro tus locuras y como, trabajando juntos, podríamos llegar a hacer mucho más.

Sukkwan Island es una muy buena recomendación que, sin a las 200 páginas, te engancha hasta el final.

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