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    Mi otra yo…

    De vez en cuando recibo emails destinados a una persona con quien comparto nombre, pero no dirección de correo electrónico.  Marta, mi Marta, es italiana. Y mientras yo estoy en mi casa, todavía medio enferma y escribiendo esto, ella está paseando por las calles de Bologna. Si su tren no ha salido con retraso, claro.  Me gusta saber que al menos una de las dos disfruta de su tarde. Pero puede que no, puede que ella tenga un mal día y no valore ese entorno que a mí me es desconocido y desearía visitar. Barcelona es preciosa y a veces yo también termino un poco harta de ella. A lo…