Tengo ganas de París

Paris

Érase una vez un tío muy alfa y una servidora tenían una especie de relación, aunque la comunicación no era su fuerte (como en todos los casos en los que las “especie de relaciones” no llegan a nada). El señor Alfa tenía la costumbre de publicar en Twitter mensajes en código o canciones concretas de manera más o menos habitual. Servidora tenía la costumbre de interpretarlo todo en base a su especie de relación. Nada hay más vanidoso que creer que están hablando de uno, pero es que a veces coincide todo tanto que pondrías la mano en el fuego de que sí. Incluso diré más. En mi caso, como mínimo la mitad de las veces (sobre todo las negativas) continuo pensando que hablaban de la situación.

Todo ese estrés psicológico que me producía la incertidumbre de saber si me estaban dedicando un mierda-mensaje o no, me produjo una especie de alergia a los mensajes codificados a través de las redes sociales. Desde ese momento me hice opositora total a este tipo de comunicación que no lleva a nada positivo  por varias razones:
Dado la inmediatez de las redes sociales (especialmente Twitter y Instagram), es difícil que el mensaje llegue a su destinatario a no ser que vaya directamente a espiarcontrolar, visitar nuestro perfil; y esto significa que damos por hecho que lo hará, pero puede que no lo haga.
Incluso si lo hace, tiene que pensar que el mensaje va dirigido a él/ella. Y si este no es del todo claro, siempre va a tener una duda más o menos considerable.
Puede que el destinatario no llegue a leer tu/su mensaje, pero habrá otras personas que sí lo leerán y, con más objetividad y menos impulsividad que tú, van a hacer un juicio de valor del mensaje, de tu estado emocional, de tu estado mental y de tu persona. Y no hace falta que un arrebato de pasión/locura/ira/depresión nos provoque una fama inmerecida.
Aún poniéndonos en el mejor de los casos (que el mensaje solamente lo lea el destinatario) ¿qué? ¿cuál es la finalidad? ¿se da por aludido y ya? ¿tiene que mover ficha? ¿vamos a conseguir algún tipo de acuse de recibo?
Ayer, dos señores muy analógicos me dijeron que ese tipo de comunicación está bien, porque dejas un mensaje allí, en la nube, jugando con la ambigüedad sin tener que responsabilizarte de sus consecuencia. Pero ¿de qué nos sirve poner un mensaje porque sí? ¿Vendría a ser como un graffiti virtual?

Hace poco hice un tweet: “Tengo ganas de París”. Me encanta la ciudad, hace tres años que no voy, acababa de ver una película filmada allí y estuve toda la mañana con Zaz de fondo. Me preguntaron si estaba bien. “- Si, ¿por? – No, como París es la ciudad del amor, pensé que estabas triste… ”
Pero aquí no queda la cosa, porque hace nada me enteré que estas ganas mías de ir a París (que son muy reales) destapó la caja de Pandora en personas que no forman parte de mi vida, creando un conflicto por una interpretación MUY libre de mi tweet. Y aquí es cuando la incomunicación ya se nos desmadra del todo.

Pero que levante la mano el que no haya tirado nunca una piedra. Aunque normalmente mis “mensajes codificados” en las redes sociales realmente no lo son porque aviso directamente al destinatario de mi dedicatoria, el otro día se me escapó algo en la nube. Me voy autoengañando pensando que lo escribí para mí, por eso de no traicionar mis ideales y tal. Ya lo dicen que en casa del herrero…

3 Replies to “Tengo ganas de París”

  1. Que casualidad!!
    Vengo de pasar 5 dias en Paris. Fui de acompañante a cantar un Mesias participativo en la iglesia de la Madeleine, organizado por una asociación para recaudar fondos para la investigación del autismo, y me encontré una ciudad viva, que intenta dejar el miedo en casa y salir a la calle para demostrar su amor a la vida y a la libertad. Escucha tus ganas y escápate en cuanto puedas para perderte por sus calles!!!
    Siento ser tan concreto por haberme quedado enganchado en la frase que da título al post pero me ha hecho gracia la casualidad, y espero no generar un problema de (in)comunicación!!!

    1. No creo en las casualidades 😉

      Bienvenido comentario y me alegro que hayas disfrutado de una preciosa ciudad. A ver cuando me escapo yo 🙂

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