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Uno también le pasa a los demás

Aunque el primer autobús sin conductor de España chocó el día de su estreno, dicen que con los vehículos autónomos no habrá accidentes. Que estarán interconectados por inteligencia artificial y eso disminuirá drásticamente las posibilidades. Vaya, que no habrá. Parará uno o el otro.

Los humanos ponemos más salsa a la vida: ¿frenará? ¿me adelantará? ¿hará el ceda?… Y no solo el otro…¿frenarás en el ámbar o te lo saltarás? porque todos sabemos que depende de la prisa que tengamos.

Pero parece que lo que tenemos claro en la carretera lo olvidamos fuera de ella. Y es la existencia del otro como sujeto y no como mero objeto. Su inteligencia también es humana, y a veces la caga -pero bien-, se enfada -sin razón- y su comportamiento no siempre es lógico. 

Nos venden tanto que, en relaciones, el otro es nuestro espejo que parece que en un conflicto lo empezamos a cosificar. Aceptamos -y a veces no- que en nosotros hay algo que debemos revisar, trabajar, validar. Pero en ese análisis, el otro no está. Partimos de la premisa que su actitud es lógica. Que no esconde miedos ni ego. 

Y con eso no me refiero en dar prioridad al otro, que no. Pero sí en relativizar según qué acciones. 

Entender y conectar puede resultar muy difícil si no nos ponemos en sus zapatos.

Hace poco escuché una frase que me encantó: “Uno también le pasa a los demás”. Es bueno recordar que los espejos también somos nosotros.

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